herodeando

sábado, diciembre 17, 2005

Poema para los que han sentido que no son lo mismo que eran...








"Superficie de Dolor II" ha sido reproducida por gentileza de Martín La Spina, www.martinlaspina.com.ar


¿Soy yo quien anda, esta noche,
por mi cuarto, o el mendigo,
que rondaba mi jardín,
al caer la tarde?...
Miro en torno y hallo que todo
es lo mismo y no es lo mismo...
¿La ventana estaba abierta?
¿Yo no me había dormido?
¿El jardín no estaba verde
de luna?... El cielo era limpio
y azul... Y hay nubes y viento
y el jardín está sombrío...

Creo que mi barba era
negra... Yo estaba vestido
de gris... Y mi barba es blanca
y estoy enlutado... ¿Es mío
este andar? ¿Tiene esta voz,
que ahora suena en mí , los ritmos
de la voz que yo tenía?
¿Soy yo, o soy el mendigo
que rondaba mi jardín
al caer la tarde?...
Miro
en torno... Hay nubes y viento...
El jardín está sombrío...

...Y voy y vengo... ¿Es que yo
no me había ya dormido?
Mi barba está blanca... Y todo
es lo mismo y no es lo mismo...

Juan Ramón Jiménez

miércoles, noviembre 16, 2005

La del pirata cojo...






















La imagen del pirata es cortesía de Pedro Alves - www.toonman.com.pt.


Ayer y hoy fue noticia. Ante el -previsible- fracaso de ese llamado a la moral o a la culpa que han venido haciendo a través de conocida propaganda en la que se homologa la acción de bajar música de internet con delitos tales como robar un auto, las compañías discográficas han cambiado de estrategia. Se ha lanzado una veintena de demandas sobre usuarios asiduos de conocidos programas para bajar música ilegalmente desde esa caja de pandora que es la web. La novedad del asunto, que nos afecta con atraso porque en el norte es pasado pisado, es que los demandados son argentinos.
Mi problema con la noticia, en principio, no está en la acción en sí (aunque aquello de que se pueda tener identificado al usuario de cualquier computadora on line siempre me ha disparado una especie de alarma al estilo del 1984 de Orwell, una sensación de fascismo incipiente que me da escalofríos). Ya quisiera yo proponer un comunismo del arte, una propiedad intelectual que se refiera sólo a la autoría y no a la participación en las ganancias: no tendría ningún sentido, en el mundo actual y en la naturaleza del hombre tales cosas son inviables. La duda que el escribiente sufre -y disfruta- en el día de la fecha gira más bien alrededor del valor de corte señalado por alguna abstracta autoridad para separar el delito del no - delito. Cualquiera que comparta más de 5000 canciones es factible de demanda y condena. Es decir: si usted comparte 4999 temas musicales no tiene en principio de qué preocuparse.
Qué le vamos a hacer, los hombres tenemos una fijación con esa cosa arbitraria que son los números. Pasa que, haciendo un par de analogías inmediatas, el día de máñana podría argumentarse que no es lo mismo robar diez pesos que cien, ni cien que diez mil... ¿me explico? Qué va, a nadie le cambia la vida tener diez pesos más o menos en el bolsillo, para qué vamos a molestarnos en movilizar un aparato legal por semejante insignificancia. Una especie de vacío argumental que denuncia algo ciertamente preocupante: la vacuidad moral de la sociedad, la hipocresía de la economía dominando sobre la ley y de los que se llenan la boca de homilías moralistas. Se trata precisamente de eso: me molesta más la hipocresía que la amoralidad, la gente que dice estar motivada por algún elevado principio legitimado o hasta entronizado socialmente cuando el móvil verdadero es mucho más "sucio". La misma historia de siempre: los saduceos rasgándose las vestiduras. ¿No les parece que es enmierdar las ideas?
Quien comparte un sólo disco puede dormir sin frazada aunque esté violando los derechos del autor. El asesino que mata a dos personas es mejor que el asesino serial y éste es mejor que el genocida. Así estamos. Ése es el discurso.
Aunque sigamos sacando fotocopias impunemente (pareciera ser que a las editoriales la piratería no las afecta tanto), aunque las estaciones de tren estén plagadas de vendedores de CD truchos que mueven enormes sumas todos los días, a la vista de todos (la mejor forma de fabricar ciegos no es amputando ojos sino una coima lo suficientemente jugosa). Que cada cual trate de quedarse con la porción de la torta que tiene la frutilla.

miércoles, noviembre 02, 2005

Pequeña reflexión crepuscular

Pitágoras decía que la felicidad era poder unir el fin con el principio.
Todo lo que hacés empezó antes y terminará después.
No hacer nada sin un para qué: rebelate contra el mandato social, buscá tu propio propósito.

No hay autoridad.

Así, cuando llegue el fin, no tendrás baches y todo estará unido con todo.
Y habrá algo como electrones corriendo, como locos alegres, por un cable,
y habrá una sensación relámpago sin trueno,
y habrá perfección matemática,
coherencia lingüistica, mujer de orgasmos múltiples.

Piensa en Botero.

Que el mundo quiere que te sientas fea.

Así es mujer, el Sistema quiere que vayas a una tienda de ropa y no encuentres nada de tu talle, que tengas que gastar los zapatos buscando un pantalón o una remerita en las que quepa un cuerpo normal y perfectamente saludable (¿no debería ser el bienestar físico nuestro parámetro?). El mundo quiere que tu femenina mirada le tenga terror a los espejos y a otras miradas, que hagas el amor en penumbras para que no se te vea ese maldito principio de celulitis, que comas mal y estés ansiosa a toda hora, que desees con desesperación un chocolate que podrías comprar pero que engorda, que no hagas ese striptease que le encanta a tu hombre por miedo a verte ridícula. Así vamos.
Antes los escuálidos eran los pobres que no tenían para comer, ahora lo son los ricos que pueden pagarse la liposucción o el personal trainer. La vida es un panqueque sin dulce de leche.
¿Sabés por qué?
Porque el Sistema siempre se las ingenia para instalar, en todas partes (en todas partes) algún tipo de aristocracia: la aristocracia de los flacos, la de los que pueden tener el televisor plano y gigante, la de los que pueden pagar las primeras filas de los teatros, la de los cultos, la de...
¿Sabés por qué?
Porque la satisfacción de los pocos nace de la insatisfacción de los muchos. Porque la moda vive de la envidia y por eso se buscan paradigmas estéticos inalcanzables.
Porque una entidad indeterminada, el monstruo social, quiere que tengamos la mente ocupada en lo que no tenemos en lugar de en lo que sí tenemos. El sistema es invisible pero gravita en todos: cada vez que sentimos el impulso de hacer algo sin saber muy bien por qué queremos hacerlo... hablamos de Sistema cuando se desconoce la causa de una acción, cuando hacemos algo por receta o inercia o imitación o método y no por deseo genuino. Serán nuestros antepasados monos encriptados en nuestro ADN, esos micos que por falta de espejos se pasan la vida imitándose los unos a los otros.
Te dirán que estás fea, que sin el celular con la cámara digital incorporada la vida es aburrida o simplemente no es vida, que sin el auto O - K - M y la casa linda y un largo etcétera... Quizás pases tu vida persiguiendo una utopía, eternamente ansiosa (desde siempre y hasta siempre). Los inconformistas del fin de los tiempos: eso somos. En una de esas lo consigas y te des cuenta de que... todavía no has dejado la línea de partida, has estado como perro persiguiéndose la cola en el mismo sitio.
No les creas, mienten.
Y cuando sientas que ese terrón de azúcar en el café es un exceso calórico, piensa en Botero.

martes, noviembre 01, 2005

Tao

La siguiente entrada nació como respuesta a un texto de /elguinio.blogspot.com/, en donde fue publicada, como comentario, una versión previa.

Sin llegar al extremo absurdo de ir a tomar una cerveza con un amigo o con la mujer de uno y estar con la atención repartida entre el brindis y el maldito aparatito que vibra y suena al ritmo de un ringtone personalizado (curiosa manera de diferenciarse), sin que la llamada que no llega nos llene de ansiedad porque si el teléfono viene con nosotros siempre habrá una espera tácita, sin volvernos locos tratando de envocar en la penumbra la tecla para que el mensaje de texto sea enviado con éxito, sin recorrer esos extremos soy partidario de la trivialidad en dosis adecuadas, me descotillo de la risa viendo a esas parejas fashion que miran más a sus aparatitos que a sus propias miradas o que sacan la foto digital de sus raros peinados nuevos enmarcados con una actitud de diva o divo que no acepta el más minimo de los pudores.
Quienes practican deportes de invierno suelen decir que en el descanso del verano se aprende más que durante el resto del año, lo que buscamos sucede cuando lo dejamos de buscar porque nuestro cerebro en estado de no-tensión fluye de una manera imposible en otros estados mentales.
Me gusta el cine italiano, el cine japonés se me antoja surrealista y las tres o cuatro películas chinas que vi este año son de un lirismo visual casi doloroso pero... pero e estos días ando con ganas de ver La Leyenda del Zorro y no tengo tapujos para agarrar el control remoto, enfrentar la caja boba como si fuera un duelo del far west y pasarme cuarenta minutos haciendo zapping. No pensar no duele, todo lo contrario, y contra lo que puediera llegarse a pensar la trivialidad en dosis adecuadas es terriblemente productiva, tarde o temprano lloverá pero no podemos ser tan mezquinos con nuestro tiempo como para no atrevernos a malgastarlo un poquito cada tanto, sin culpa, sin temores a ser rotulados como hombres light, desinflamar la corteza cerebral que exprimimos como un lmón con tanta concienzuda reflexión.
A veces oponerse tan radicalmente a la corriente puede ser un desgaste innecesario de energía, dejarte llevar un tiempo en una de esas te transporta a regiones insospechadas, que tal vez tener una la pantalla de fósforo en tu casa o tu departamento no sea tan mala idea, para no tener que defender una posición todo el tiempo, para que no tener posiciones que defender sea la única posición que uno defienda y la verdadera queja que uno manifieste (¿no será mejor parapetarse en el silencio que en el grito?). Y porque la belleza también puede ocultarse en ver a Arguiñano o a la hermana Bernarda enseñando la receta del budín de pan o en reirnos hasta las lágrimas con Mauro Viale representando una comedia humana que ni en el mejor teatro de la calle Corrientes.
En definitiva, Tao. La liberación está en otra parte. La guerra moderna la libra un solo hombre y el enemigo está en el espejo.

viernes, octubre 28, 2005

Sentirse superior.

Suena feo. Es que esa palabrita, superior, a continuación de la primera persona del verbo ser, está condenada por la opinión pública. No importa.
Internemonos en un plano místico. Les habrá pasado (sería encantador que les haya pasado) que ciertas circunstancias del escenario que recorren (digo recorren porque este tipo de cosas de las que hablo suelen suceder mientras caminamos, como si con nuestros pasos recorriéramos una mandala sagrado que nos catapulta a un estado de conciencia distinto en el que la percepción está demasiado afilada, dolorosa y placenteramente afilada), que ciertos objetos o personas del paisaje encajan con las circunstancias personales y parecieran mensajes escritos en tinta invisible en el espacio vacío que queda entre los átomos de la realidad.
Dalmiro Sáenz dice que la verdad nos acontece muy de vez en cuando, cuando la verdad coincide con nuestras circunstancias. Dice también que con la mentira pasa algo parecido.
Lo cierto es que cuando nos acontece uno de esos instantes de verdad uno cae en la tentación de sentirse invulnerable. Sentirse invulnerable es sentirse por encima o más allá de todo, sentirse teflón, mago, dios con minúscula. Que no es lo mismo que creerse superior, pero casi.
Tengo la impresión de que lo que ocurre en esos momentos es que uno se siente o sabe superior a lo que uno mismo es habitualmente. Esa es la clave, los demás, por mucho que les duela, no entran en esa ecuación. Es un proceso unipersonal, privado, llamémoslo una masturbación mística. Y cuando uno vuelva a su estado basal seguramente será otro el tocado por la varita mágica.
Hace poco me preguntaron si la persona que es superior deja de serlo al tomar conciencia de ello. En términos de Carlos Castaneda diría que una toma de consciencia de ese tipo aumenta la importancia personal, y la importancia personal es una de las más importantes fugas de energía que tiene el ser humano. Por importancia personal nos enojamos, nos ponemos celosos, o construimos una imagen. Por ello la vanidad (además de ser estéticamente deleznable) es un sentimiento negativo.
Philip Dick cuenta en su libro Valis de Samael, un dios que era el más poderoso entre los dioses pero que un día cayó en la cuenta de ello y lo declaró, hizo verbo eso que era realidad. En ese mismo instante se volvió loco y cayó por debajo de todos los demás dioses. Supongo que en la épica mesiánica todo mesías debe ignorar su mesianazgo, su calidad de elegido, hasta que le sea revelado, algo así como un sano requisito de inocencia previa.
Ampliemos al oráculo de Delfos: un Elegido es aquel que se elige a sí mismo.

miércoles, octubre 26, 2005

¿Bello o sublime?

Quien escribe propuso, recientemente y un poco a las apuradas, que para definir la existencia de la inteligencia debe observarse cierta proporción entre las partes del sujeto que se supone inteligente. Yendo un poco más allá, asumí cierta estética, cierta belleza, como requisito fundamental para que la inteligencia exista en una persona. Para terminar corolé diciendo que , lo mismo que la belleza, el objeto de análisis no es propiedad absoluta de una persona, sino que por el contrario lo que se produce son "períodos inteligentes" de la misma manera en que hay períodos de alegría, gozo, ira o tristeza. La destroné del pedestal de lo perenne y preferí pensarla como un estado de conciencia más como tantos otros.
Me respondieron sugiriendo que esto no podía ser así ya que los genios, probablemente las figuras más fuertemente asociadas a la inteligencia en el imaginario colectivo, son habitualmente seres desmesurados, carentes de equilibrio y proporciones regidas por principios estéticos.
Que la genialidad es una forma interesantísima de locura no puedo negarlo. Pero. La filosofía ha diferenciado lo bello de lo sublime de la manera que sigue. Lo bello es algo abarcable, algo que genera una sensación estética placentera, hasta podría aventurarse (afirmación polémica, lo sé) que lo bello habita en el ámbito de lo breve y lo pequeño, la belleza es una pequeñez colocada en un contexto adecuado; no es el rostro: es la sonrisa o la mirada o el gesto, es algo efímero, porque una sonrisa linda petrificada en una cara al poco tiempo se vuelve inquietante y finalmente va perdiendo fuerza y sentido.
Lo sublime, en oposición, provoca una sensación ¿estética? por lo menos agridulce, o aún más, instala el horror y la fascinación simultáneamente. Estar al borde de un acantilado. La inmensidad del océano. Un león despanzurrando una cebra. Ésas son visiones de lo sublime.
Como soy un poco cabezadura insistiré.
La inteligencia es bella, armónica, se situa en el paisaje sin llegar a invadirlo, se adapta al ambiente como esa mente de agua a la que aspiran los maestros de artes marciales o los cultores del zen. El hombre inteligente siempre es un poco mañero, siempre sabe vender los símbolos de su inteligencia.
La genialidad es sublime, grotesca, freak, chiflada, redundantemente genial. Al genio se lo ama y se lo odia al mismo tiempo o alternativamente. El destino del genio que no logra convencer de su verdad no es otro que el exilio, sentirse paria, perro entre hombres como decía Cortázar. Si no tiene suerte o asesor de imagen o por lo menos una idea remota de los artificios del marketing, será considerado por sus contemporáneos como un lunático, un inadaptado (¿no es precisamente eso? ¿un inadaptado constructivo?) o incluso como un idiota.
¿Que qué prefiero? Mmmm. Pavada de autopregunta. De cerca, la inteligencia. De lejos, lo genial. La fragilidad humana no es compatible con desmesuras de ese tipo: a los humanos nos toca ver a los dioses y a los fantasmas de reojo.

lunes, octubre 24, 2005

Estreno

Estreno este espacio con algo que le escribí a un amigo en su propio espacio. Queda descolgado, ya sé, en esta ausencia absoluta de contexto, pero este profanador está ansioso por profanar el blanco de la página con verbos y adjetivos, así que bueno, para la próxima prometo algo un poco más anclado en sí mismo que esto.

Mi muy querido Deseo:Para mi la inteligencia es una cuestión estética. Toda estética es, entre otras cosas, asunto de propociones. Entiendo que algo tiene proporción cuando encierra algún tipo de equilibrio, cuando aunque más nos sea en forma precaria o transitoria logra un acuerdo entre sus partes en la que ninguna predomina en defecto de la otra. De ahí que remotamente coincido con vos cuando decís que una persona "malévola" no es inteligente, aunque yo corrigiría diciendo que no es inteligente en el instante en que le dura su malevolencia, su egoísmo, su etcétera que lo arroja al desequilibrio. Lamentablemente, los genios son desequilibrados, aunque más no sea de a ratos, y esto quiere decir que los genios de a ratos pueden ser déspotas, egocéntricos, o simplemente irracionales.Corolario de mi argumento: las personas no son, las personas acontecen. A veces de un lado del diámetro y a veces justamente del otro, en ocasiones brillantes y en ocasiones totalmente obtusos. Guardamos dentro de nosotros un híbrido de mil cabezas, una multitud de razas, la potencialidad de ser cualquier cosa, como las palabras tuyas que en otro texto pueden ser jeckyl y hide, como todo lo que en esta vida no es constante porque lo constante no es. Cariños.